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Se hizo socio para ayudar a un amigo y adquirió un emprendimiento de congelados


El dueño de Qüem invirtió US$250.000 para ingresar al negocio; hoy tienen 15 franquicias y seis locales propios en Gran Buenos Aires, Capital Federal y varias provincias del país.



Hay personas que sueñan con el emprendimiento y otras a las que el emprendimiento les llega por casualidad. Este es el caso de Walter Giaccaglia, actual CEO de Qüem, una cadena de locales que vende productos congelados, tanto propios como tercerizados. Desde frutas y verduras, hasta pizzas, empanadas y los bombones de frambuesa bañados en chocolate Franuí.


El emprendedor cuenta cómo se convirtió en dueño de esta marca. Originalmente, la había creado Martín Grosbard, en 2014. Los hijos de ambos iban al mismo colegio. Primero abrió una tienda en la calle Arenales, en el barrio de Martínez.


La idea surgió a partir de un viaje a Europa en donde descubrió que el mundo del alimento congelado de calidad estaba ganando espacio, mientras que en la Argentina era prácticamente inexistente. “En las góndolas de acá se veían hamburguesas. El mundo del congelado era eso. No había un negocio específico”, cuenta.


Los creadores tuvieron la intención de basar el proyecto en franquicias desde el comienzo. La primera se vendió en 2016, pero rápidamente se encontraron con una crisis de crecimiento. “Era el cuento del huevo y la gallina. Vos vendías más franquicias, necesitabas más cámaras de frío, más transporte”, detalla el emprendedor.


En 2018, este problema los llevó a pedir ayuda financiera: esa fue la puerta de entrada de Giaccaglia, quien en un principio adquirió el 60% de las acciones, y en 2022 se hizo con el total del paquete accionario junto con sus socios, Matías Giaccaglia y Joaquín Sepúlveda Lemus.


Cuando ingresó en la sociedad, el emprendimiento contaba con seis tiendas: dos propias y cuatro franquicias. Pero luego de que se frenaran las solicitudes de estas últimas, tras un breve auge previo, decidieron invertir “fuerte”. Así, optaron por abrir más locales propios. “Eso nos ayudó a entender el negocio. Al abrir las tiendas y al poner inversión, empezó a funcionar el tema de las franquicias”, detalla.


Como a muchos emprendedores, la pandemia de 2020 los encontró en pleno proceso de expansión, lo que en el rubro de las viandas y comidas congeladas tuvo un impacto positivo. “Tomamos la decisión de invertir y montamos una planta distribuidora en el Triángulo Industrial de Malvinas Argentinas. Tenemos 1500 metros cuadrados, 1600 metros cúbicos de cámaras de frío, compramos camiones y se empezaron a vender muchas franquicias”, enumera Giaccaglia. Tres años después, Qüem tiene 21 tiendas, de las cuales 15 son franquiciadas.


Además de expandirse, también existió desde el comienzo el ansia de regionalización: “Nosotros entendemos que el negocio del congelado en toda Latinoamérica tiene un potencial enorme. Hoy tenemos consultas en todo el sur del país, en Santa Fe, Catamarca, La Rioja. La Argentina ha modificado mucho los hábitos de consumo de estos productos. Antes teníamos un problema de transporte, hoy ya no existe. Hoy hay transporte frío a todos lados, todas las semanas”, agrega.


A esto se sumó la estrategia en cuanto a la ubicación de los locales: “Nos gusta competir. ¿Qué buscamos? Estar en una zona donde encontrás el supermercado, la fiambrería, la pescadería, la fábrica de pastas, la panadería. Buscamos centros de compras alimenticios. Ese es el ideal”.


¿Un negocio con vaivenes?


“Hace un tiempo leí una nota sobre productos congelados donde decían que era un negocio con vaivenes. Probablemente sea cierto si uno analiza el negocio desde el lado del supermercado”, comenta Giaccaglia. Al denominarlo un negocio con vaivenes, el emprendedor se refiere a que la gente no termina de convencerse sobre este tipo de alimentos.


La nota a la que se refiere contaba que la demanda no termina de activarse, pero que las empresas del sector no pierden las esperanzas: “El consumidor local, lentamente, se muestra cada vez más abierto a probar nuevos productos. Hay vida (y ventas) más allá de las tradicionales hamburguesas y pizzas congeladas”, detallaba. De hecho, las estimaciones de la industria muestran que el consumo local per cápita ronda los dos y tres kilos de congelados al año, en contraposición con países europeos, que promedian los 45 kilos anuales por persona.


“Sí me pasa muchas veces que, cuando tenemos un asado o una comida con amigos, hablamos del alimento fresco y del congelado. En esos casos tenemos que explicar lo que significa el IQF, Congelado Rápido Individual [del inglés Individual Quick Freezing]. Es un procedimiento que se hace en 20 minutos y que no genera partículas de hielo ni rompe los tejidos. Entonces conserva todos los nutrientes”, aclara.


Los productos que ofrece Qüem están congelados de esta forma. Ese es el diferencial que, junto con la atención, lo destaca de los supermercados según su dueño: “¿Qué pasa cuando vos entrás a una tienda Qüem? En un supermercado los freezers no te hablan. Vos caminás la góndola de congelados y no sabés qué comprar. Entonces vas a lo básico. Cuando entrás a una tienda nuestra, las vendedoras educan al consumidor y le cuentan las variantes”.


Productos estrella hay varios, además del Franuí: yogures y helados de Guapaletas, espinaca, brócoli. Frutas y verduras son lo que más suele venderse. Tanto es así que, comenta el emprendedor, los lunes ofrecen descuentos y facturan el doble que un día normal.


Cuando Giaccaglia entró al negocio, invirtió US$250.000. Hoy, a través de la venta al público, Qüem factura $800 millones anuales, sin contar la industria gastronómica y otros lugares, como geriátricos, que compran, sobre todo, milanesa de pollo, pescado y verduras. Además, agrega que todos los años realizan grandes inversiones para mantener y expandir el emprendimiento. De hecho, calculan que cada franquicia factura alrededor de tres millones de pesos mensuales.


El proyecto a futuro es producir frutas y verduras congeladas de su propia marca, lo que empezaría a comercializarse a partir de enero de 2024. También llegar a todas las provincias del país, la apertura de una sucursal en Colombia —que ya se está llevando a cabo— y expandirse por Latinoamérica: “Nosotros vamos a exportar el modelo. Estamos charlando con gente de Paraguay y Uruguay, que quieren trabajar en la réplica del nuestro. Sería franquiciado también”, añade, y detalla que, como acá, todo estaría centrado en la generación de alianzas estratégicas con pequeños emprendedores y no tanto.


“Nuestro objetivo en 2024 es plantar banderitas en cada provincia de la Argentina. Hoy estamos en Mendoza, Puerto Madryn, San Juan, Córdoba. Nos queda un largo camino por recorrer. Estamos trabajando seriamente en eso”. Además, asegura que en el Gran Buenos Aires todavía les queda abrir siete franquicias y otras seis en Capital Federal, por ejemplo, en Villa Urquiza, Palermo y Barrio Norte. Todo sucederá el año que viene. “Vamos creciendo de a poco”, concluye.

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