Se conocieron por amigos en común y armaron un negocio exitoso

En la industria de los anteojos son muy pocos los casos en que empresarios se involucran en la industria sin tener una relación por herencia familiar, pero Carlos Sánchez y Nicolás Schirmer se animaron y hoy son un éxito en el país.


Se conocieron por amigos en común y a través de charlas sobre moda y tendencias se fueron acercando y de manera espontánea formaron una amistad por fuera de las cuestiones laborales. Si bien cada uno tuvo un rumbo distinto cuando eran chicos, las vueltas de la vida hicieron que se conocieran y formaran una sociedad para llevar adelante juntos un emprendimiento.


Charly nació en Junín, tiene 39 años y desde chico que es sociable, expresivo "y se me da con gran facilidad crear y fomentar grupos de amigos. Con los años noté que ser así no solo fue bueno para mi vida personal y social, sino que también me sirvió para potenciar mi desarrollo personal", cuenta. Se especializó en marketing, ventas y negocios, disfruta mucho de la interacción con la gente y dentro de la marca que formaron es el que se ocupa fundamentalmente del negocio, el área comercial, ventas y búsqueda de partnerships.


Nicolás tiene 30 años, y es Licenciado en Marketing. "Creo que tuve una visión emprendedora desde muy chico y eso me permitió combinar la pasión por el tenis con un trabajo, porque casi sin darme cuenta había fundado una escuela de tenis", recuerda Nicolás que llegó a entrenar a más de 250 alumnos de diferentes edades entre niños, adolescentes y adultos.


Si bien sus primeras experiencias profesionales en Marketing empezaron poco antes de recibirse, nunca se imaginó trabajando en una empresa, él quería crear algo propio, recuerdo que "a los 15 años realizaba ferias con un amigo y a mis 18 años tuve mi primer showroom en una época en la que esa forma de venta era muy poco conocida en el país. Me acuerdo que le compraba ropa a un conocido, la vendía y disfrutaba de sentirme dueño de mi negocio. Aunque era chico y también lo vivía como un juego, lo cierto es que siempre sentí ese deseo de impulsar mi propia empresa".


El nacimiento de una marca: anteojos de sol

Los dos se sentían ligados a la industria de la moda y querían lanzar su propia marca. En el caso de Nicolás cuando hizo su tesis investigó sobre diferentes sectores dentro de la industria de la moda y se decidió por el universo de los anteojos, "fue la primera vez que entré en contacto con el mundo de las ópticas y apenas comencé a desarrollar el trabajo me sentí muy atraído".

Charly cuenta que los dos atractivos del negocio son "su clasicismo y que es una tendencia que fue tomando mucha fuerza en los últimos años que dio lugar a que los anteojos dejaran de ser solo un objeto técnico vinculado a cuestiones de salud para convertirse en un accesorio de moda, tanto en los lentes recetados como en los de sol".


Dieron sus primeros pasos a principios de 2015 y mientras avanzaban con todos los trámites burocráticos pusieron el foco en lograr una línea de gran estilo con productos de primera calidad. Un año después presentaron la primera colección al mercado.


Elegir el nombre de la marca siempre suele ser una tarea difícil. Los chicos no se decidían, nada les convencía hasta que surgió el apellido del jugador americano de básquet James Harden, pero descubrieron que el propio jugador tenía una marca de ropa entonces le dieron una vuelta de tuerca para no generar confusiones y finalmente fundaron "Hardem".


Al principio producían en Vietman y China, pero no conforme con los resultados encontraron en nuestro país una fábrica que les permitía una mejor rentabilidad económica, cercanía con la fábrica para los controles del producto y así poder lograr la máxima calidad.


¿En dónde buscaron la diferenciación? En que sus anteojos de sol son polarizados, contienen protección 100% UV y los venden en ópticas para hacer hincapié en el uso responsable de los lentes.

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