Por dónde debemos empezar a la hora de emprender

Actualizado: 16 de ago de 2019


Tomada la decisión, nada fácil, de arrancar con un emprendimiento viene la primera pregunta: ¿Por dónde empezar?

Por supuesto, no hay una respuesta única, pero sí hay algunos puntos a tener en cuenta que habitualmente escapan a la mirada de los nuevos emprendedores. Claramente lo primero a definir que se debe definir es qué producto o servicio se va a ofrecer, pero sin exagerar. ¿Por qué? La mayoría de los emprendedores conocen el área o sector del emprendimiento que quieren montar. Es más, sienten pasión ya sea porque saben hacerlo o porque son usuarios de ese producto o servicio (o ambas cosas). Así que este es el punto que más claro suelen tener.


El tema es que un error muy frecuente consiste en poner únicamente el foco en definir hasta el más mínimo detalle lo que van a ofrecer. Lo mejoramos, lo volvemos a cambiar, le agregamos algún detalle… Claro, el tema nos apasiona y queremos un producto revolucionario que rompa el mercado. Pero si nos quedamos empantanados ahí corremos dos riesgos.


El primero es de tan enamorados que estamos terminamos definiendo el producto o servicio “ideal” para nosotros, olvidando que el objetivo es que lo compren otros. Y el segundo error, tal vez el que nos condena al fracaso, es pensar que el éxito de nuestro emprendimiento está atado exclusivamente a lo que ofrecemos.


Por supuesto que la clave está ahí, pero si solamente nos quedamos definiendo el producto no vamos a poner foco en las otras áreas que son igual de importantes y que, si no le damos la importancia adecuada, se convierten el hilo más delgado por donde se corta el emprendimiento.


El Producto/Servicio

Como decíamos, es lo primero que se define y lo que suele estar más desarrollado. Lo importante es definirlo con herramientas más objetivas que el propio deseo o la intuición. Analizar los recursos necesarios (materiales y humanos), definir el público al que se apunta, pensar en sus necesidades, determinar nuestro diferencial y el valor agregado, estudiar a la competencia y entender cómo se comporta el mercado son algunas de las cuestiones a tener en cuenta.


Los Números

Para muchos es la parte aburrida y más difícil por lo que, casualmente, es la más abandonada. Tan importante como ofrecer un buen producto es tener claro cuál es su costo, a qué precio deberíamos venderlo, cuál es el punto de equilibrio, el margen, la rentabilidad, como viene nuestro “cashflow” y, fundamentalmente, si estamos ganando plata o no. No es necesario hacer una carrera en administración de empresas para tener un emprendimiento, pero sí es clave conocer y tener bien ajustadas las diferentes variables económicas y financieras. No tener en claro ni prestar atención a los números del negocio es una de las maneras más rápida de fundirse.

Las Ventas

Parece una obviedad decir que para que cualquier empresa funcione es necesario vender. Pero muchas veces, enfrascados en su pasión por el producto o servicio, los emprendedores no prestan la debida atención a la parte comercial, que necesita cabeza y mucho tiempo. Pensar estrategias comerciales, definir cómo se va a vender, quién lo va a hacer y cómo se van a enterar los clientes son algunas de las tareas que no se pueden dejar de lado. Muchas veces los emprendedores están tan enamorados de su producto que piensan que se va “vender solo.” Y no es así. No presar atención a los procesos comerciales es el paso previo a una de las frases preferidas de los emprendedores: “mi producto es excelente, lo que pasa es que la gente no lo entiende…”


La Estrategia

No se puede ir de un lugar a otro si no se definen objetivos, se traza una hoja de ruta, y se van monitoreando los desvíos para corregirlos. Y de eso se trata justamente la visión estratégica que el emprendedor le tiene que dar a su emprendimiento. Es cierto, metidos en el día a día muchas veces es complicado parar, levantar la cabeza y pensar las cuestiones más estratégicas del negocio. Pero es fundamental hacerlo, porque si no se está navegando sin rumbo, sin motor y sin las herramientas correctas. No hace falta dedicarle todos los días a la visión estratégica, pero sí agendarse una vez por mes al menos un espacio para salir trajín del día a día y atender estas cuestiones fundamentales.


Fuente: Pablo Katcheroff Socio de TRES Faros, agencia de e-commerce y marketing digital

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